Actualidad
Pabellón FCEx

El reciclado de aparatos eléctricos y electrónicos para el estímulo de la conciencia ambiental en la comunidad de Tandil

31/05/2018 - 17:42

El Centro de Pretratamiento de Aparatos Eléctricos y Electrónicos (CEPRAEE) fue concretado hacia principios de 2017 gracias a la contribución conjunta de la Facultad de Ciencias Exactas y la Dirección de Medio Ambiente de la Municipalidad de Tandil. Desde ese momento, sus puertas se mantienen abiertas al público en la estación centro de Punto Limpio, en Maipú 1250.

La creciente producción y uso de aparatos eléctricos y electrónicos ocasiona que, indefectiblemente, también se incremente la cantidad de desechos. La Universidad de las Naciones Unidas asegura que anualmente se recolectan más de 40.000 kilotoneladas, una medida altamente considerable si se tiene en cuenta que un kilotón equivale a mil toneladas. Hagamos el cálculo. Y del total global, alrededor de 4.000kt corresponden a América Latina.

Con el principal propósito de minimizar el impacto ambiental de los aparatos eléctricos y electrónicos, y de fomentar el desarrollo productivo local, la iniciativa nace a partir del proyecto de extensión de Reutilización Eficiente de Hardware Tecnológicamente Obsoleto (REHTO). Institucionalizado hacia fines de 2013, cuenta con varios objetivos por desarrollar:

  • Propiciar acciones educativas referidas al consumo responsable y la concientización sobre los riesgos ambientales provocados por una mala disposición y reciclado de los RAEE.

  • Reducir el impacto ambiental que ocasionan los Aparatos Eléctricos y Electrónicos (AEE) a través de una adecuada gestión de los mismos.

  • Reutilizar computadoras obsoletas o dañadas para dar respuesta a las demandas tecnológicas de diferentes sectores de la comunidad.

  • Fomentar la reutilización de componentes provenientes de los RAEE como materiales para la fabricación de diversos productos.

  • Fomentar inclusión tecnológica a través del Software Libre en la comunidad.

  • Generar un espacio de práctica y capacitación para los futuros profesionales del sector tecnológico.

Sebastián Barbieri, responsable del proyecto asegura que la meta principal es la reutilización, aunque muchas veces se procede directamente a la separación de materiales para posteriormente reciclar, por una cuestión de espacio. A pesar de que el galpón donde funciona el CEPRAEE es amplio, los artefactos que arriban han ido llenando cada rincón, por lo que se dificulta el acopio de piezas reutilizables.

 

Reutilización y reciclado de aparatos eléctricos y electrónicos

Ya se ha convertido en un hábito de los tandilenses acercarse hasta la sede de Punto Limpio más cercana para llevar cartón, papel, vidrio y, desde el año pasado, también aparatos eléctricos y electrónicos. Mediante la reutilización de cada artefacto que ingresa o, en caso de no ser posible, el reciclado de cada una de sus partes, los vecinos de la ciudad hacen su gran aporte a la conservación del medio ambiente que habitamos, y que le será heredado a generaciones futuras.

Antes de proceder con el desmantelamiento de las computadoras que acercan los vecinos, primeramente se realizan análisis con el objetivo de evaluar cuán viable es su reutilización. Si el examen arroja un resultado negativo, se continúa con la separación de cada una de sus partes para su posterior reciclado. Pero si su funcionamiento es normal, se procede a su reutilización y posterior entrega a alguna institución de la ciudad o la zona que la requiera para sus tareas diarias.

Joaquín Tomasini tiene 22 años de edad, se encuentra en el segundo año de la carrera Ingeniería de Sistemas y, desde el inicio del funcionamiento del CEPRAEE, colabora semanalmente. Entre las tareas que desarrolla se encuentra la separación de materiales como el aluminio, el plástico y las placas que componen cada uno de los artefactos que son desechados por los vecinos para su posterior reciclado.

El joven estudiante señaló que este fue uno de los principales motivos por los que mantuvo su colaboración en el Centro de Pretratamiento: “Ver cómo termina siendo algo útil para alguien y terminan en un centro de capacitación proveniente de otra persona que lo consideraba basura”.

“Empecé a venir al proyecto porque me lo comentaron unos amigos que ya participaban y fui viendo la importancia del reciclado y el cuidado del medio ambiente. Empecé a ver qué repercusión real tienen los residuos electrónicos en el medio ambiente y me di cuenta que hay que empezar a hacer este trabajo de reciclaje porque, si no, va a llegar un punto en el que no vamos a poder tomar agua pura. Los residuos electrónicos contaminan mucho." Joaquín asegura que no se trata sólo de un trabajo, sino que también comenzó a incorporar y a transmitir ciertos hábitos. “Dentro de mi familia empecé a ser más pesado en ese sentido [de reciclar], pero todavía me falta bastante para estar completamente ‘transformado’ en alguien que reutiliza todo y que cuida 100% el medio ambiente”, aunque no duda que la toma de conciencia continúa, al igual que su compromiso ambiental.

 

¿Hay conciencia ambiental en Tandil?

El CEPRAEE es el lugar donde aquellas computadoras que llegan, por ser consideradas obsoletas tecnológicamente, pueden obtener una segunda vida a disposición de instituciones que lo necesiten. En ocasiones estos aparatos son desechados porque no funcionan bien o porque sus propietarios creen que son viejos ‘por una exigencia de la industria’ que establece la necesidad de contar con las últimas tecnologías al alcance para llevar una vida más fácil. Sin embargo, cada uno de los colaboradores que trabaja en el CEPRAEE se ocupa de evaluar cuáles son los inconvenientes que presenta, realizar las reparaciones necesarias y ponerla a punto para un buen funcionamiento. Se les instala software libre y se configura el sistema operativo para que pueda funcionar con bajos recursos.

Una vez que la puesta a punto finaliza, se entregan las computadoras totalmente funcionales con software libre y con muchas aplicaciones educativas: "Ese es nuestro trabajo".

A pesar de que la cantidad de artefactos eléctricos y electrónicos que llenan el galpón puede ser impresionante, quienes trabajan en el lugar consideran que aún la conciencia ambiental real no se ha instalado en la comunidad. La principal motivación de los vecinos de acercarse hasta el CEPRAEE a llevar aquellos aparatos rotos o más viejos es “hacer lugar en casa” y no por el ‘cuidado del medio ambiente’ en sí mismo. Sin embargo, en cierto modo, el hecho de que no los dispongan entre los residuos domiciliarios que recogen los recolectores habla de un cambio, aunque sea inicial.

 

Equipos reutilizados a disposición de la educación

Entre sus tantas actividades, este proyecto fue el encargado de reacondicionar las computadoras necesarias que luego fueron empleadas en el primer Espacio Tecnológico adaptado para no videntes y disminuidos visuales, montado en el Centro Comunitario Metalúrgico de la ciudad de Tandil.

Otros equipos fueron destinados al Centro Comunitario Metalúrgico, el Centro Informático La Movediza, el Centro de Jubilados y Pensionados Municipales, y diversas instituciones educativas y ONGs de la ciudad. Esto refleja un gran compromiso, no sólo con el medio ambiente, sino también con la comunidad local.

Asimismo, el Programa de Educación Tecnológica para la Integración Escolar y Social (PETIEyS) fue el responsable de adaptar los equipos a las demandas específicas de sus usuarios. El espacio educativo, creado conjuntamente entre la Facultad de Ciencias Exactas de la UNICEN y la Secretaría de Desarrollo Social del Municipio, funciona desde 2008 y posibilitó el dictado de diversos cursos de educación tecnológica, por parte de la Facultad de Ciencias Exactas y el Municipio de Tandil conjuntamente.

 

Paso número dos: el reciclado

Luego de evaluar la posibilidad de reutilizar cada artefacto que ingresa, se procede a la etapa de reciclado, es decir, algunas partes se emplean como repuestos para la reparación de otros equipos que se reutilizan. Después de agotada esta instancia, se continúa con la separación de materiales que más tarde serán enviados a empresas específicas que se encargan de comercializarlo, como el aluminio y el metal. Las placas son de los materiales que más llaman la atención, ya que el impacto ambiental de su desecho es grande a causa de los metales pesados que contienen. Esto evita el destino incierto de los recursos y reduce el potencial impacto ambiental que ocasionarían si se desecharan en cualquier sitio.

Sebastián Barbieri considera que aún falta bastante por hacer para difundir ampliamente la importancia de contribuir con la conservación del medio ambiente, pero aseguró: “trabajamos día a día para crear conciencia”.

“Nos gusta que la gente venga”, comentó Sebastián positivo acerca las visitas que algunos vecinos interesados hacen: se acercan hasta el lugar, conocen el espacio de trabajo del CEPRAEE y se les explican las tareas que se llevan adelante. “Es tan complejo un aparato electrónico que cuando lo estás tirando no te das cuenta de cuántas cosas estás desechando”, aseguró. Pero principalmente se exponen los fundamentos por los que se lleva adelante este proyecto, para que comprendan la importancia de la labor que se realiza y sus repercusiones a futuro.

A pesar de que la cantidad de residuos tecnológicos es notablemente menor a la de domiciliarios, no dejan de ser significativos a causa de su impacto ambiental. Durante 2017 se recolectaron 40 toneladas de residuos.

“Es un trabajo que nosotros creemos que lo hacemos para crear valor agregado a largo plazo”, comentó como conclusión Barbieri. Y seguro que lo es, ya que lo que todos hagamos hoy repercutirá sobre las generaciones venideras.